
Fin de 1913, México arde, Victoriano Huerta ha dado el golpe, ha asesinado a Madero y Pino Suárez, y se ha proclamado presidente, el país entero se levanta, en el norte manda la División del Norte de Pancho Villa, 10,000 hombres a caballo, el ejército más temido de la revolución.
Huerta manda a su mejor gente al norte para parar a Villa, el general Salvador Mercado, con 4,500 federales, bien armados, con ametralladoras, se atrinchera en Ojinaga, Chihuahua, justo en la frontera con Presidio, Texas, es el último bastión federal en el norte, si cae Ojinaga, cae todo Chihuahua.

Antes de Villa, intentan tomarla dos generales, Toribio Ortega Ramírez, el viejito de Cuchillo Parado que inició la revolución, y Pánfilo Natera García, llegan con 2,000 hombres, atacan en diciembre de 1913 y fracasan, Ojinaga está bien defendida, con trincheras, con el río Bravo atrás, Mercado resiste.
El 10 de enero de 1914 llega Pancho Villa en persona, desde Chihuahua, trae 5,500 dorados, trae artillería, trae a sus generales, Maclovio Herrera, Trinidad Rodríguez, trae el tren, Villa no ataca de noche, espera al amanecer del 11 de enero.
A las 6 de la mañana del 11 de enero de 1914, Villa ordena el ataque, tres columnas, una por el centro, dos por los flancos, los federales disparan con todo, pero los villistas vienen gritando «¡Viva Villa!», la batalla dura todo el día, es cuerpo a cuerpo, calle por calle, casa por casa.
Mercado comete un error fatal, deja el río Bravo a su espalda, cuando la División del Norte rompe las líneas, los federales no tienen a dónde huir, solo al río, cientos se lanzan al Bravo helado de enero, muchos se ahogan, otros son acribillados cruzando, otros cruzan a Texas y los gringos los desarman y los internan en Fort Bliss.

El resultado es brutal, 3,500 federales muertos o capturados, contra solo 35 villistas muertos según el parte de Villa, aunque fueron más, unos 100, Villa toma Ojinaga, toma 2,000 prisioneros, 8 cañones, miles de fusiles, todo el parque.
Pero viene lo peor, hay tantos muertos tirados en las calles, con el sol del desierto, que amenaza una epidemia de tifus, Villa, que era muy inteligente en sanidad, ordena algo terrible pero necesario, quemar todos los cuerpos, durante días Ojinaga huele a carne quemada, los cuerpos son amontonados y rociados con petróleo y quemados.
Con Ojinaga, Villa queda dueño absoluto de Chihuahua, de la frontera, de los dólares, controla las aduanas, puede comprar armas en Estados Unidos sin parar, y dos meses después, el 23 de junio de 1914, con ese poder, va a ganar la batalla más grande de la revolución, Zacatecas.
Mercado, el general federal derrotado, cruza a Texas, se exilia, Huerta entiende que el norte está perdido, y en julio de 1914 renuncia y huye.
Ojinaga fue el fin del ejército federal en el norte y el inicio del mito invencible de la División del Norte.
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