
Ojinaga, Chih.-Lo trozaron, lo dejaron astillado, abierto a la mitad, seco por fuera. Cualquiera pensaría que ya no tenía futuro. Pero ahí está, brotando, verde, terco, con ramas nuevas apuntando al cielo azul del desierto ojinaguense como señal de que aún sigue con vida.
Pero no contaron con que la gente cree en él y, a su paso, le llevan agua. Una botellita, un trago. Para que retoñe. Para que siga de pie.
Y el árbol responde. Está verde otra vez. Con brotes nuevos.
Así es el Oss. Lo pueden quebrar, pero mientras el pueblo le lleve agua, no se seca. Sigue de pie. Y con él, sigue de pie para Ojinaga y para todo aquel que pase a su lado.
Ese árbol no se va a caer. Porque no lo sostiene el tronco, lo sostiene la fe de la gente.
PJ

