
Por Alessia Guerra
La bonanza no dura toda la vida, y la rueda de la fortuna da vueltas sin piedad. De ser protegida por caravanas de camionetas blindadas y un séquito de escoltas, la exreina del DIF Estatal, Berta Olga Gómez Font, cambió la alta costura por un uniforme naranja y las cenas de lujo por bandejas de plástico.
Recluida desde marzo de 2026 en un centro de procesamiento de El Paso, Texas —a escasos kilómetros de la tierra que vio florecer su inmerecida opulencia—, la esposa del exgobernador César Duarte enfrenta las consecuencias de un emporio amasado al amparo del erario.
Pasó de cortar listones y entregar juguetes a figurar como apoderada legal de nueve empresas, acumulando residencias y ranchos mientras miles de chihuahuenses padecían carencias.
Los gobernantes olvidan que las tarjetas sin tope las pagan los ciudadanos de a pie.
Hoy, mientras espera que el ICE defina su situación para cruzar de vuelta a responder por el dispendio de recursos, sus propiedades a nombre de sus gemelitas siguen intactas.
La gran señora del poder comparte ahora la misma suerte de su esposo, descubriendo que la opulencia y el cinismo de creerse eternos solo dejan celdas incómodas y anécdotas de desdicha.
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