
Productores apรญcolas reportan el hallazgo de cientos de colmenas con toda la poblaciรณn muerta y con la crรญa y la miel intactas en los municipios de Meoqui, Rosales, Ojinaga, Camargo y Saucillo. Ellos lo atribuyen al uso de agroquรญmicos de amplio espectro en los campos vecinos. Hasta ahora, nadie responde por esas pรฉrdidas.
Hay imรกgenes que no necesitan explicaciรณn. Frente a la piquera de un cajรณn, sobre la tierra seca, una alfombra oscura de abejas muertas; adentro, los cuadros todavรญa cargados de miel y de crรญa sellada. Distintos apicultores de Chihuahua han venido documentando con fotografรญas y videos el hallazgo de cientos de colmenas en esa condiciรณn, y coinciden en una misma causa probable: envenenamiento por agroquรญmicos utilizados en actividades de la regiรณn.

Quienes llevan aรฑos en el oficio explican que la escena tiene una firma reconocible. En un caso de envenenamiento, la poblaciรณn aparece muerta dentro y fuera de la colmena, mientras la crรญa y las reservas de alimento permanecen intactas. Es distinto de lo que ocurre en la enjambrazรณn, donde la colonia se divide naturalmente pero la poblaciรณn no desaparece; y tambiรฉn del abandono, cuando las abejas se retiran por completo del contenedor. En ninguno de esos dos casos queda una mortandad como la que se estรก fotografiando. Esa combinaciรณn โmuerte sรบbita y masiva con alimento y crรญa sin tocarโ es la que lleva a los productores a hablar de intoxicaciรณn y no de un problema de manejo.

Los hallazgos no se concentran en un solo punto. Los apicultores mencionan localidades como Potrero del Llano, en el municipio de Meoqui; Salรณn de Actos, en Rosales; los campos menonitas de la comunidad del Oasis, en Ojinaga, y predios en los municipios de Camargo y Saucillo. Es decir, un patrรณn que se repite a lo largo de la zona agrรญcola del estado, y no un incidente aislado en un solo apiario.
La explicaciรณn que ofrecen tiene que ver con la geografรญa del trabajo apรญcola. Las colmenas se colocan cerca de campos de cultivo, sea para alimentaciรณn de la propia colonia o porque se rentan para el servicio de polinizaciรณn. Esa cercanรญa, que en teorรญa beneficia a las dos partes, se vuelve el principal factor de riesgo cuando en los predios se aplican productos como el malatiรณn, ya sea por decisiรณn de un productor agrรญcola en particular o dentro de campaรฑas institucionales de control de plagas. El problema, seรฑalan, es que se trata de sustancias no especรญficas: eliminan al insecto que se quiere combatir, pero tambiรฉn a una gran cantidad de especies, entre ellas la abeja melรญfera. La misma abeja que se contrata para polinizar el cultivo es la que termina muerta a unos metros de รฉl.
Las pรฉrdidas econรณmicas se acumulan en varios frentes al mismo tiempo. Se pierden las poblaciones rentadas para servicios de polinizaciรณn durante los meses de verano. Se pierde la posibilidad de llegar al invierno con colmenas de poblaciรณn estable, capaces de resistir las bajas temperaturas y la ausencia de floraciรณn. Y se pierde la miel, que no puede comercializarse cuando existe sospecha de contaminaciรณn por agroquรญmicos.

Para el productor, eso significa un ciclo de inversiรณn continua: recuperar poblaciรณn, alimentar, reponer cajones y volver a empezar, sin que el ingreso del ciclo anterior alcance a cubrirlo.
A esa cuenta se suma un desequilibrio que los apicultores describen; en la contrataciรณn del servicio de polinizaciรณn, la presiรณn suele ir en un solo sentido: se les pide bajar el precio de la renta por colmena. Pero cuando las colmenas mueren despuรฉs de una aplicaciรณn de agroquรญmicos en la vecindad nadie del lado agrรญcola asume el daรฑo. El apicultor pone las colonias, las traslada, las alimenta, las cuida y, al final, absorbe la pรฉrdida; el beneficio de la polinizaciรณn, en cambio, se queda en el cultivo.
A este panorama se suma un reclamo que los apicultores repiten: la falta de respuesta del sector gubernamental frente al uso de estos productos en actividades agropecuarias. No existe, dicen, un mecanismo claro de aviso previo entre quien aplica y quien tiene colmenas cerca, ni una ruta accesible para reportar un caso, documentarlo y obtener alguna respuesta. Mientras tanto, el sector agrรญcola sigue enfrentando sus plagas con sustancias de amplio espectro.
Detrรกs de todo esto hay un vacรญo de fondo: los apicultores seรฑalan que no conocen una figura de responsabilidad legal ni una sanciรณn establecida para quien aplica un producto que termina matando colmenas enteras. Aunque la mortandad se documente con fotografรญas y se sepa quรฉ predio se fumigรณ y en quรฉ momento, no hay una vรญa clara para fincar responsabilidad a nadie ni para exigir la reparaciรณn del daรฑo. Cuando las abejas mueren el hecho no tiene consecuencia jurรญdica para ninguna de las partes.
Lo que los productores apรญcolas estรกn pidiendo es razonable y en su mayorรญa operativo: que se avise con anticipaciรณn cuรกndo y dรณnde se va a aplicar, que se privilegien productos mรกs selectivos y horarios de aplicaciรณn con menor vuelo de abejas, y que exista un canal oficial para reportar y peritar los casos de mortandad. Sin ese mรญnimo de coordinaciรณn, lo que hoy se pierde son colmenas; maรฑana, lo que se resiente es la polinizaciรณn de la que depende el propio campo chihuahuense, descartando que no se trata de un pleito entre apicultores y agricultores. Ambos dependen del mismo territorio y, en buena medida, uno del trabajo del otro.
Nota:
Este texto es un artรญculo de opiniรณn elaborado a partir de testimonios, fotografรญas y videos aportados por productores apรญcolas de la regiรณn. Las causas seรฑaladas corresponden a la interpretaciรณn de los propios apicultores con base en su experiencia de campo y no a un dictamen tรฉcnico o de laboratorio.