✍️Por: Profr. Juventino Juárez

En el Ojinaga que ya se fue —aquel de emblemáticas construcciones, diseño propio y fascinante arquitectura— destaca la figura de un albañil que dejó gran parte de su vida en esta tierra. Poco se conocen hoy las obras que levantó para orgullo de nuestro municipio, en parte porque aquellos que lo contrataron y lo consideraron su amigo ya han fallecido.Más allá de la extraordinaria trayectoria de este creador que nunca pisó una facultad de ingeniería o arquitectura, pero que poseía un talento innato que no necesitaba de títulos para erigir las grandes obras de nuestro querido Ojinaga, quiero compartir esta información. Nadie suele llamarlo por su nombre de pila; todos se refieren a él simplemente como el “Maistro” Talamantes. Me daría un enorme gusto poder conocer sus nombres y apellidos completos, pues merece, cuando menos, una placa de reconocimiento en cada uno de los edificios que dirigió.Para poner en dimensión su legado, parto de lo que me tocó vivir e investigar. Allá por los años noventa, fui nombrado asesor de la Sociedad de Alumnos de la Benemérita Escuela Secundaria Federal. Entre las actividades proyectadas, los estudiantes tenían el propósito de construir una cooperativa escolar funcional para vender burritos, tortas, lonches y refrescos de manera ágil a más de 600 alumnos. Antes de eso, los alimentos se compraban a través del cerco a vendedores ambulantes, lo que generaba un verdadero caos en los escasos 20 minutos de receso.Con este fin, me puse en contacto con un exalumno y amigo, el Arq. Alberto Rubio, (con el que estoy en deuda por muchas otras aportaciones gratuitas en las que me ha apoyado), para que diseñara el plano de una tienda escolar capaz de atender varias filas simultáneamente. Una vez listos los planos y elegida el área, acudí con el albañil más reconocido de aquella época: el “Maistro” Olivares. Durante la edificación, gran parte de nuestras pláticas giraban en torno al Maistro Talamantes, de quien Olivares siempre se dijo aprendiz. Con frecuencia me compartía dichos de Talamantes que me causaban asombro por ser reflexiones de vida, sazonadas con un fino sentido del humor. También me hablaba de la construcción de Los Arcos y de otras obras a las que, a decir verdad, en aquel tiempo no les presté la atención debida.Recientemente, releyendo al azar el libro “Ojinaga, sin polvo ni olvido”, de mi amiga la escritora ojinaguense Irma Aguilar, me topé con la grata sorpresa de que ella documentó con bastante detalle las obras de este afamado constructor:
*Salón Los Arcos: en 1965 sobre la Av. Independencia y 5ª. se dio inició a la construcción del Salón Los Arcos, motivado el Sr. Don Jesús Rohana Estrada por que su hija Blanca cumpliría los 15 años y quería festejarle a lo grande pues los salones que ya existían poco apoco le fueron quedando chicos a Ojinaga y Los Arcos estuvo planeado desde el principio para ser un gran salón de eventos capaz de atender la gran demanda que ya se presentaba. Aunque la inauguración estaba planeada llevarse a cabo para el 17 de diciembre de 1968, fecha del cumpleaños de su hija Blanca, por no haberse terminado en tiempo la obra, el evento se realizó hasta el día 25 de enero de 1959. Cuenta Irma que este evento fue el acontecimiento del año por la brillante presentación de Blanca ante la sociedad ojinaguense.

*Salón Capri: En 1953, el señor Alfredo Albo Ríos le presentó los planos al Ing. Del Mao, quien confió toda la responsabilidad de la obra al Maistro Talamantes.

• Hotel Rohana: Un majestuoso edificio, hoy lamentablemente en ruinas pero que tuvo épocas de gran esplendor. Con la gestión adecuada, podría reconstruirse no solo por su valor estético, sino por lo que representó para la era dorada de Ojinaga y los usos comunitarios que aún podría ofrecer.

• Cine Olimpia: Espacio tradicional que marcó toda una época cuando el cine era el principal entretenimiento familiar, abarrotado los domingos desde la matinée hasta las funciones de estreno por la tarde.

• Agencia Aduanal Albo Ríos y Capitanachi: Otra de las obras emblemáticas levantadas bajo su mando.

• Residencias singulares: La imponente casa de don Aurelio Fernández (ubicada en la esquina de Allende y Bolívar, cuya arquitectura aún causa admiración); la casa de don Jesús Rohana Estrada (en la intersección de Calle 3.ª y Juárez, donde posteriormente estuvo la oficina de Correos); y la muy bonita y bien situada Notaría del Lic. Espinoza.

• Parroquia de Jesús Nazareno: Se sabe que también participó en algunas intervenciones arquitectónicas del templo, muy probablemente en la edificación de los campanarios.
El mérito indiscutible de este albañil reside en que, sin ostentar un título académico, levantó con su talento innato, rigor y responsabilidad estructuras que hoy siguen en pie y, en su mayoría, prestando servicio a la comunidad. Ojalá que sus familiares, o quienes tuvieron la fortuna de conocerlo y trabajar con él, nos puedan brindar sus datos completos, precisar detalles y enriquecer esta memoria histórica que Ojinaga le sigue debiendo.
