🇲🇽🇺🇸El Puente viejo : Una triste historia de rivalidad en la frontera.

✍🏻Por Profr. Juventino Juárez A.

Existe una trágica historia tejida alrededor de este puente.

Por aquellos años, ejercía en Presidio el doctor Vaught, un médico muy querido no solo por los habitantes del lado tejano, sino también por la gente de Ojinaga.

Estaba casado con Filomena, una mujer mexicana que no solo le servía de intérprete, sino que en ocasiones lo auxiliaba en su consulta.

Vaught no tenía automóvil propio; su generosidad era tal que atendía de gracia a quien no podía pagarle.

En la otra cara de la moneda estaba Frank Dupuy, dueño del puente internacional.

Dupuy era un hombre poco apreciado por el pueblo debido a su avaricia, y entre él y el médico surgió una rivalidad encarnizada cuyos motivos exactos jamás se esclarecieron.

En aquellos años no había celulares por lo que Dupuy, cuando regresaba de El Paso, hizo una parada en Marfa y buscó una caseta telefónica para llamar por teléfono al doctor.

Con tono amenazante, le advirtió que «iría a arreglarle su carreta», a lo que el médico le respondió tajante: «Baje, que aquí lo espero para darle una buena recepción».

Al llegar a Presidio, Dupuy no se dirigió a su puente, sino directamente a la casa del doctor Vaught.

Sin embargo, el médico ya lo aguardaba con un rifle Winchester en mano. A media cuadra de distancia y sin dudarlo un segundo, disparó contra el viejo automóvil GM azul que conducía Dupuy.

Tres balas atravesaron los cristales y le quitaron la vida de forma instantánea.

Aunque a Dupuy le encontraron una pistola dentro del coche, la causa real del odio entre ambos jamás se conoció con certeza; solo quedaron las especulaciones de la gente.

Algunos decían que a Dupuy le molestaba que el médico estuviera casado con una mexicana; otros rumoraban que su rencor venía de la gran inundación de 1968, cuando el agua arrastró un vehículo oficial y Dupuy tuvo que pagarlo con amargura y coraje.

Tras el homicidio, el doctor Vaught enfrentó un juicio que lo dejó en la ruina, viéndose obligado a vender su casa para pagar los gastos legales. Al salir en libertad, abandonó el pueblo para rehacer su vida en otro punto de los Estados Unidos.

El hijo de Dupuy asumió la administración del puente, hasta que en la década de los 70 los gobiernos de México y Estados Unidos construyeron la estructura moderna de hormigón, instalando la caseta de cobro en el lado mexicano.

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