
La paciencia de los habitantes de Presidio, Texas, parece haberse agotado. Durante una reunión encabezada por el mayor de la ciudad, a la que asistieron ciudadanos, empresarios y usuarios frecuentes del puente internacional, el tema central fue uno: los excesivos tiempos de espera para cruzar la frontera hacia Ojinaga.
Lo que antes representaba un trámite de alrededor de 40 minutos, hoy puede convertirse en una espera de hasta cuatro horas. Para quienes dependen del cruce diario por motivos de trabajo, comercio, salud o convivencia familiar, la situación ya dejó de ser una molestia para convertirse en un problema económico y social.
En la reunión hubo un señalamiento que se repitió constantemente entre los asistentes. Los ciudadanos coincidieron en que el director del puerto de entrada en Presidio no ha mostrado la voluntad de gestionar más personal ni de implementar cambios operativos que permitan agilizar el flujo vehicular. La principal crítica es que, pese al incremento en las filas, únicamente se mantiene abierta una línea de inspección durante gran parte de la jornada.
Los participantes cuestionaron que, mientras otras fronteras realizan ajustes para responder a la demanda, en Presidio la operación permanece prácticamente sin cambios, provocando pérdidas para comercios, afectaciones al turismo y complicaciones para cientos de familias que cruzan la frontera de manera cotidiana.
La polémica gira en torno a una pregunta que cada vez se escucha con mayor fuerza entre la comunidad: ¿el problema es realmente la falta de personal o la falta de voluntad para gestionar soluciones? Para muchos asistentes, ambas situaciones están relacionadas, pues consideran que la dirección del puerto tiene la responsabilidad de solicitar los recursos necesarios y adoptar medidas que mejoren el servicio.
El mayor de Presidio escuchó las inquietudes de la población y reiteró que continuará llevando estas demandas ante las autoridades correspondientes. Sin embargo, los ciudadanos dejaron claro que ya no buscan únicamente mesas de diálogo, sino resultados concretos que devuelvan al cruce fronterizo la eficiencia que durante años caracterizó a esta región.
Mientras no se amplíe la capacidad de revisión o se destine más personal al puerto de entrada, las filas seguirán creciendo y el descontento ciudadano también. La presión ahora recae sobre las autoridades responsables de la operación fronteriza, quienes deberán responder a una comunidad que exige soluciones y no más horas de espera.