✍️Por: Profr. Juventino Juárez

Como Cronista de la ciudad siempre me he preocupado por ir rescatando poco a poco todo aquello que está archivado, olvidado o tergiversado de su propósito original. Los cuatro libros que he escrito llevan esa intención, pero hoy quiero referirme a este monumento en específico.
Desde que vi cómo le cambiaron los colores a este majestuoso e interesante monumento y después cuando le colocaron ahí las letras obstruyendo su espacio original quise escribir algo al respecto. Hoy lo hago con la sana intención de que se corrijan estos detalles y que se coloque una placa con la descripción de lo que significa.
En la fotografía actual, la estructura del fondo conserva el diseño original, pero la pintura desdibuja el concepto: las secciones que debían evocar la tierra (café) y el majestuoso Cañón del Pegüis (la abertura) se integraron en una sola plasta de color marrón, restándole fuerza a la «grieta» central. Además, la incorporación de las letras coloridas de «OJINAGA» en el primer plano altera por completo la armonía visual de la obra escultórica original, transformando un monumento de abstracción geográfica en un parador fotográfico genérico.
El monumento erigido en el acceso vial de Ojinaga no es una simple estructura de concreto; es un poema geométrico que sintetiza la geografía mística, el rigor del clima y la hermandad de la frontera. Diseñado bajo una estética de abstracción simbólica, cada una de sus líneas y matices originales dialoga directamente con el entorno y la historia de la región.
El Sol en la Cúspide: El Temple del Desierto
Corona la obra un anillo perfectamente esférico y dorado. Representa al sol abrasador que define el día a día de los ojinaguenses. No simboliza únicamente un dato meteorológico; es una metáfora de la resiliencia humana. Este sol, que forja el carácter de sus habitantes a fuego lento, se coloca en lo más alto como el faro que ilumina y dinamiza cualquier competencia, labor u obra que emprenda su gente. Es el fuego sagrado del desierto transformado en orgullo e identidad.
La Confluencia Azul: El Abrazo de Dos Ríos
Inmediatamente abajo, unas alas de concreto pintadas de azul se extienden hacia el cielo. Es el homenaje escultórico a La Junta de los Ríos, el sagrado punto geográfico donde el Río Conchos entrega sus aguas al Río Bravo. Estas líneas curvas representan el movimiento perpetuo del agua y el abrazo fraterno de dos corrientes que, al fundirse en Ojinaga, dieron vida a civilizaciones milenarias y siguen sosteniendo el milagro de la vida en medio de la aridez.
La Arcilla Binacional y la Grieta del Pegüis
La base de la estructura evoca la tierra compartida, el suelo de arcilla y caliza que une los destinos de México y Estados Unidos en una misma trenza de tradiciones e historia. Sin embargo, el rasgo más sutil y poético reside en su centro: una abertura vertical. Esta grieta rompe la solidez del monumento para emular las imponentes e infranqueables paredes del Cañón del Pegüis, el majestuoso guardián de piedra que custodia la entrada a la ciudad. Al mirar a través de esta ventana escultórica, el viajero atraviesa simbólicamente el umbral de la frontera.
NOTA: Pintar un monumento ignorando su semiótica equivale a borrar todo un tratado de un libro de historia. Devolverle a esta pieza sus tonos originales (el amarillo vibrante, el azul fluvial, el café arcilloso y el contraste que resalta la hendidura del Pegüis) no es un capricho estético, sino un acto de justicia cultural para que el monumento vuelva a hablar el lenguaje para el que fue creado.
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