Por Profr. Jorge Luis Núñez M.

La contundente victoria del PRI en Coahuila obteniendo las 16 diputaciones en disputa, es un mensaje político que demuestra que Morena no es invencible como lo presumen sus dirigentes.
En este estado, quedó demostrado que los coahuilenses están dispuestos a no permitir que este partido ponga un pie en sus tierras por sus ya conocidos vicios de impunidad, corrupción y vínculos con el crímen organizado, que Morena ha protagonizado a lo largo y ancho del país.
El priismo coahuilense ha entendido que las campañas no se ganan desde las conferencias de prensa, redes sociales o el poder central, sino en las colonias, los ejidos y los barrios.
Los Coahuilenses respondieron al partido que los gobierna cuando existe organización territorial, estructura partidista, trabajo de campo y cercanía con los ciudadanos, las elecciones se ganan en las urnas más allá de las tendencias nacionales.
Manolo Jiménez encontró en estas elecciones, como cuando ganó la gubernatura, un importante respaldo ciudadano que decidió refrendar su confianza a un proyecto político que consideran cercano a sus necesidades, preocupados por la estabilidad, el desarrollo económico y la seguridad del estado.
Morena puede ser derrotada cuando enfrenta una oposición organizada, competitiva y cercana a la gente. Lo ocurrido en Coahuila abre el debate rumbo a 2027 y demuestra que ningún partido tiene asegurada la victoria y puede ser derrotado por muy poderoso que este sea. Eso nomás.