Ojinaga cuenta una história.

El daño psicológico que puede sufrir un niño cuando hay una demanda de por medio no siempre se ve, pero sí se siente.
Un juicio prolongado no solo acumula expedientes; acumula ausencias, preguntas sin respuesta y silencios que pesan.
Tres años sin ver a un padre o a una hija no son solo números en un archivo. Son cumpleaños que no se celebraron juntos, abrazos que no llegaron, palabras que quedaron pendientes.
En muchos casos, los adultos discuten errores, responsabilidades y culpas. Los abogados hacen su trabajo conforme a la ley. Pero el corazón de un niño no entiende de estrategias jurídicas ni de tiempos procesales. Solo entiende de presencia o ausencia.
A veces, un juicio que no termina beneficia a quienes litigan. Pero rara vez beneficia al menor.
Y cuando existe arrepentimiento verdadero, cuando hay un corazón dispuesto a corregir, el proceso se vuelve todavía más difícil de comprender. Porque la justicia legal no siempre coincide con la justicia emocional.
Detrás de cada demanda familiar hay algo más que un conflicto: hay una historia, hay una fotografía detenida en el tiempo, hay una playera que recuerda un momento que ya no vuelve.
Y mientras los adultos discuten, el tiempo sigue avanzando.
🎙BMRADIO