
Un rollo de alambre de concertina afilado como navajas ahora serpentea entre la vegetación a lo largo del Río Grande, debajo del Puente Internacional entre Presidio Texas y Ojinaga Chihuahua; la primera barrera física erigida en el sector de Big Bend para disuadir la inmigración ilegal bajo la administración Trump, y que ha dejado a los lugareños con más preguntas que respuestas.
Medios locales de Ojinaga dieron a conocer los trabajos que realizaban agentes de la Patrulla Fronteriza a través de las redes sociales y que muchos usuarios expresaron su total rechazo.
El alcalde de Presidio, John Ferguson, fue uno de los que se mostraron abiertamente molestos por la nueva barrera, a la que calificó de «mero teatro de seguridad». Le preocupaba que los habitantes de la otra orilla del río —que se reúnen bajo el puente para pescar, nadar o incluso disfrutar de conciertos organizados por el municipio— la consideraran, en el mejor de los casos, condescendiente y, en el peor, amenazante.
«No es la primera vez que vemos algo así, pero por el bien de la relación entre nuestras dos ciudades, es como decir: «Oigan, nosotros sabemos cómo cruzar el río correctamente»», declaró.
En la práctica, le preocupaba que la barrera se convirtiera en un peligro durante las inundaciones, que suelen azotar el valle del Presidio entre mayo y octubre. «Verán cómo la corriente arrastra río abajo todo ese alambre de púas», dijo. «¿Dónde va a acabar todo?».
Funcionarios del gobierno de Trump sostienen que tales medidas son sacrificios esenciales para defender la seguridad nacional. El 15 de octubre, la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, publicó un aviso en el Registro Federal que la autoriza a “tomar todas las medidas apropiadas para desplegar y construir barreras físicas que garanticen el control operativo total de la frontera sur de Estados Unidos”. El aviso autoriza la construcción de “vallas, barreras, carreteras, iluminación, cámaras y sensores” en el Sector Big Bend de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), y exime del cumplimiento de varias leyes federales que regulan los contratos con proveedores externos para agilizar la ejecución de las obras.
Estadísticamente hablando, Big Bend es el sector más extenso y remoto de la frontera sur. Además, suele ser el menos transitado. Por estas razones —y por la inhóspita geografía de la región— el gobierno nunca se ha preocupado por invertir en barreras físicas a lo largo de este tramo del Río Grande. «Esta es la primera vez que han dado señales de tener alguna intención de hacerlo o que han comenzado a tomar medidas que les permitan construir muros en Big Bend, lo cual, durante muchísimo tiempo, ha sido una idea descabellada», declaró Laiken Jordahl, del Centro para la Diversidad Biológica, a la radio pública de Marfa la semana pasada.
Con información de BBS

